El semanario L’Espresso publicó ayer en su sitio Internet lo que deberían ser las dos últimas grabaciones de las diez que Patrizia D’Addario, prostituta de lujo de 42 años, consignó a la justicia de Bari con los audios de sus aventuras sexuales con Silvio Berlusconi en el Palazzo Grazioli, residencia romana del gran personaje que niega que hayan existido esas relaciones “non sanctas”.
En el primer registro hay un diálogo entre Berlusconi y Patrizia al rojo vivo en la mañana del 5 de noviembre, tras pasar la noche juntos en la gran cama que el premier ruso Vladimir Putin regaló a il Cavalieri. PD es Patrizia, SB es Berlusconi: PD: Un joven hubiera terminado en un segundo. ¡Los jóvenes tiene muchas presiones! SB: ¿Me permitís? El problema para mí es de familia. PD: ¿Cuál? SB: Tener el orgasmo. PD: ¿Sabés cuánto hace que no practico sexo como lo hice esta noche? Desde hace meses, cuando dejé a mi hombre…¿Es normal? SB: ¿Me permitís? Debés practicar sexo sola… Tenés que masturbarte con una cierta frecuencia. (El original del audio está a disposición en los sitios de L’Espresso y de Repubblica.it)
La segunda grabación, que ha provocado un lío mayúsculo en el que para nada entra el sexo, es otro diálogo de Silvio y Patrizia, a raíz de las imágenes que Berlusconi muestra al “gato” de Bari con las maravillas de villa Certosa, la lujosa residencia del jefe del gobierno en Cerdeña. Allí es donde “il Berlusca”organizaba fiestas y festicholas con lindas chicas muy jóvenes, incluida Noemí Letizia, de 17 años (ahora cumplió 18).
Fue en villa Certosa donde el fotógrafo Antonello Zappadu tomó más de 5.000 imágenes, algunas de ellas con mujeres sin ropa. En el audio Berlusconi habla de la heladería que hizo construir en la residencia donde, por supuesto todos los helados eran óptimos y gratuitos. “Es una fábrica de helados”, se exalta el primer ministro. Berlusconi muestra el lago de los cisnes de la residencia. También “una ballena fosilizada”.
No aparece, en cambio, el volcán artificial que il Cavaliere hacía entrar en erupción fingiendo hasta un sismo telúrico, en medio del susto y la admiración de sus invitados. En la grabación de este segundo audio, Berlusconi le cuenta a Patrizia que “aquí abajo descubrimos 30 tumbas fenicias del tercer siglo antes de Cristo”. La difusión de la cinta armó un revoltijo parlamentario porque la oposición, impotente, dividida y sin grandes ideas alternativas, espera agazapada cualquier oportunidad.
El senador del partido Democrático, el principal de la oposición de centro izquierda, Andrea Marcucci sintió que su momento había llegado. Presentó una moción en la que exigía que Berlusconi y su ministro de Bienes culturales, Sandro Bondi (un ex alcalde comunista pasado a las filas conservadoras), “se presenten en el Parlamento para informar acerca de las tumbas fenicias”.
“Es necesario establecer si existen o no estas tumbas fenicias en la finca del premier y sobre todo si han sido señaladas por el jefe del gobierno a las autoridades competentes, porque sería grave saber que descubrimiento arqueológico de tanta importancia haya sido efectuado violando las normas que regulan este tipo de actividad”, protesta el senador Marcucci. Parece mentira, pero este traspié puede resultar serio para Berlusconi porque si las tumbas fenicias existen quiere decir que existe también el audio del diálogo entre Patrizia y el primer ministro que hablan del tema.
El líder del partido Democrático, Darío Franceschini subrayó ayer por la tarde, al enterarse de las dos grabaciones y del lío parlamentario, que “Berlusconi es víctima del reality show que él mismo construyó”. Las diez grabaciones que Patrizia D’Addario consignó a la fiscalía de Bari han sido, con los dos audios de ayer, puestas en su sitio de Internet por el semanario L’Espresso. Los magistrados de Bari informaron que esos diez audios están contenidos en sobres especiales firmados, contrafirmados y sellados por magistrados, abogados y testigos. Y nadie ha violado sus secretos. Los fiscales de la capital de Puglia ni siquiera autorizaron transcripciones de las grabaciones para evitar su filtraciones. Esto quiere decir que Patrizia D’Addario hizo antes copias de las grabaciones y las vendió a L’Espresso-La Repubblica.
Clarín