A las 18.42 se terminó todo. Juan Curuchet, con 44 años, colgó -simbólica pero literalmente- su bicicleta. La alzó, se la ofreció al público y la dejó colgadita del manubrio en un acrílico del escenario levantado en el balneario Bahía Varese. Esa bicicleta Pinarello, construida en Italia para la despedida del inoxidable Juan, se la habrían querido llevar a casa cada uno de los 25.000 espectadores que se apostaron a lo largo del circuito de 10 kilómetros. Pero se la quedó el empresario Gerardo Werthein, jefe de la delegación argentina en Pekín 2008, ahí donde el ciclista marplatense logró el oro en la americana con Walter Pérez. En una subasta, Werthein -apoyado públicamente por Curuchet como futuro presidente del Comité Olímpico Argentino- ofertó 70.000 pesos -la base fue de 25.000- y obtuvo el souvenir. El dinero se donará al hospital Materno Infantil de Mardel.
Juan no quiso retirarse paseando. Fiel a su estilo, se entrenó durante meses para decir adiós en el 98° Argentino de Ruta. El viernes se consagró en la contrarreloj y ayer se deslomó los 180 kilómetros de competencia para pelear hasta la bandera de cuadros -bajada por el gobernador Scioli- y terminar top ten. Poco importaba el puesto. Esposa, hijos, hermano, padres, Walter Pérez, Camau Espínola, Santiago Lange, Nora Vega. Todos lo esperaron en el escenario. Antes de subir, le machacaron la cara a besos los fanas, esos que saludaron su última recta revoleando remeras desde las barrancas. Juan lloró abajo. Lloró arriba. Pidió entonar el Himno. Se comprometió a seguir luchando y, con la voz quebrada, se dirigió a la gente. “Querida Mar del Plata, gracias. Mucho más no les puedo decir ahora. Los quiero mucho”.
Óle
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