Con pocas figuras extranjeras Cristina Kirchner se lleva tan bien, en estos días, como con Michelle Bachelet. Tal vez aproveche esa simpatía para sugerir hoy a su anfitriona chilena una reforma en los estatutos de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur). Bachelet es presidenta pro témpore de esa liga regional. El gobierno argentino aspira a que el secretario general sea designado por la mayoría del bloque y no por unanimidad. Así Néstor Kirchner accedería, quizás, a la Secretaría para la que fue postulado por el ecuatoriano Rafael Correa y vetado por el uruguayo Tabaré Vázquez.
La idea de que la designación del secretario general no se realice por unanimidad se sostendría en que el artículo del Tratado de la Unasur que regula ese proceso no habla de “consenso”. Pero esa interpretación debería ser validada por consenso. ¿Se animará Jorge Taiana a explicar esa contradicción a su jefa durante el viaje?
La modificación reglamentaria, de producirse, tendría una consecuencia grave: Uruguay dejaría la Unasur. Por eso los diplomáticos que están al tanto de la propuesta argentina no creen que Bachelet vaya a aceptarla. Alejandro Foxley, su canciller, dijo que la candidatura de Kirchner podría ser reanimada cuando los presidentes de la región se encuentren en el balneario brasileño de Costa de Sauipe, el próximo 16, para una cumbre regional. Después habló el canciller de Perú, José García Belaunde, para recordar el veto de Uruguay.
El tosco movimiento que la diplomacia argentina podría realizar hoy en Punta Arenas importa por las tensiones que genera, con independencia de los resultados: nadie está demasiado convencido de que Kirchner quiera mudarse a Quito, lejos de la campaña electoral bonaerense (le encargó al sociólogo Artemio López que midiera su popularidad; no más que eso) y, sobre todo, de la Casa Rosada. A pesar de los que piensan que el exilio quiteño podría salvar del hundimiento al gobierno de Cristina Kirchner. ¿El plácet uruguayo hubiera cambiado la historia del kirchnerismo? Un enigma para las ucronías de Rosendo Fraga.
Vázquez expresó un rechazo a Kirchner del que también participaban el colombiano Alvaro Uribe y el peruano Alan García. El alineamiento argentino con Hugo Chávez hizo temer a Uribe y a García que la Unasur se convirtiera en un instrumento del emir bolivariano.
Este conflicto comenzó a jugarse en otro campo de batalla: el de la crisis que se desató entre Ecuador y Brasil a raíz de que el gobierno de Correa desconoció su deuda con el Banco Nacional de Desenvolvimiento Económico (Bndes), contraída por el financiamiento de trabajos de la constructora Odebrecht, que había sido expulsada del país.
Itamaraty retiró a su embajador en Quito, algo que no había hecho con el representante en Bolivia cuando Evo Morales nacionalizó inversiones de Petrobras, en 2006. El malestar es comprensible: la internacionalización de las constructoras, apoyada por el Bndes, es un estrategia principal de Brasil en la región. Por eso hay un detalle que desvela a Lula da Silva: el respaldo que consiguió Ecuador de los presidentes de la Alternativa Bolivariana de las Américas, congregados por Chávez el fin de semana pasado. La posibilidad de que se produzca una cadena bolivariana de cesaciones de pagos inquieta a Brasilia. Contratos similares al que denunció Ecuador existen en Bolivia y en Venezuela.
La pelea con Correa tal vez debilite el mudo respaldo de Lula a las pretensiones de Kirchner. El brasileño no se pronunció por ninguna candidatura para la Unasur. Da por tan obvio su respaldo a la Argentina que ni siquiera lo expresa. Algunos observadores sospechan en ese silencio la pretensión de ver a su asesor Marco Aurelio Garcia al frente de una asociación que, al fin y al cabo, fue concebida en Itamaraty. Si tiene que imponer a Garcia, los brasileños no lo harán por un esfuerzo propio, sino porque sus competidores salieron de pista.
Brasil quiere acelerar las definiciones en la Unasur. Sobre todo en la constitución de su Consejo de Defensa, que no desea ver en manos de alguien con exóticos aliados, como Chávez. La semana pasada el venezolano exhibió de nuevo su vínculo con Rusia y recibió a su colega Dimitri Medvedev. Rusia está ingresando a la región por la puerta energética: Gazprom pretende activos bolivianos y Lukoil negocia la compra del 20% de Repsol YPF.
Los gobiernos sudamericanos están muy mal coordinados frente a la crisis internacional. A las tensiones anteriores hay que sumar el malhumor que produce en Brasilia el avance, muy acelerado, de Danilo Astori hacia la candidatura del Frente Amplio en Uruguay. Astori es el principal abogado de que su país firme un tratado de libre comercio con los Estados Unidos.
El idilio entre Buenos Aires y Brasilia tampoco está asegurado. Los Kirchner no acompañan el librecambismo industrial de Lula en la Ronda de Doha. El proteccionismo argentino será más agresivo cuando se refiera al comercio bilateral. El déficit en la balanza con Brasil podría bajar el año que viene de 5000 a 4000 millones de dólares. Pero el desequilibrio será más notorio: la Argentina no tendrá un superávit comercial de 12.000, sino de 2000 millones. El clamor por una devaluación será creciente. La tensión de los Kirchner con Lula también.